Por Rosa Escoto / Listin Diario
En el contexto actual del turismo internacional, los destinos compiten no solo por sus atractivos naturales o su infraestructura hotelera, sino por la capacidad de ofrecer experiencias integrales y auténticas. En ese escenario, la gastronomía se ha convertido en un componente cada vez más relevante dentro de la oferta turística, al aportar identidad cultural, valor agregado y diferenciación.
Para la República Dominicana, esta tendencia representa una oportunidad estratégica que cobra especial relevancia en la víspera de FITUR, uno de los principales espacios de promoción turística a nivel global. Este tipo de escenarios obliga a reflexionar sobre cómo el país se presenta ante los mercados internacionales y qué elementos, más allá de los tradicionales, pueden fortalecer su posicionamiento como destino.
A nivel regional, varios países han logrado posicionar su cocina como un atractivo turístico en sí mismo. En el caso dominicano, la gastronomía local ha comenzado a ganar visibilidad en escenarios internacionales, lo que abre nuevas posibilidades de proyección. Un ejemplo reciente es el reconocimiento otorgado a la chef Tita y a su restaurante Aguají by Chef Tita, que además de recibir el premio FIFTI Best, fue incluido en la lista ampliada de los Latin America’s 50 Best Restaurants, convirtiéndose en el primer restaurante dominicano en formar parte de esta clasificación. Este hecho marca un precedente para el país en materia de reconocimiento gastronómico.
Más allá del mérito individual, este tipo de logros adquieren mayor relevancia en momentos clave de promoción internacional, como FITUR, donde los destinos buscan diferenciarse y mostrar propuestas integrales. En ese contexto, resulta oportuno analizar el papel que deben desempeñar las instituciones vinculadas al turismo en el fortalecimiento del sector gastronómico, integrando de manera más visible la cocina dominicana, sus productos locales y el talento que se desarrolla en torno a ella.
La articulación entre turismo y gastronomía tiene impactos que trascienden la imagen país. Involucra directamente a productores agrícolas, pescadores, suplidores, emprendedores y comunidades, generando encadenamientos productivos y contribuyendo a un desarrollo económico más inclusivo. Además, favorece la preservación de tradiciones culinarias y promueve el uso de insumos locales, elementos esenciales para la sostenibilidad del sector.
Desde una perspectiva técnica, integrar la gastronomía a la estrategia turística no implica desplazar los pilares tradicionales del sector, como el turismo de sol y playa, sino complementarlos. La creación de rutas gastronómicas, la incorporación de experiencias culinarias en la oferta turística y la participación en ferias especializadas son mecanismos utilizados con éxito en otros destinos y que resultan pertinentes en el contexto actual.
La República Dominicana cuenta con condiciones favorables para avanzar en esta dirección: diversidad cultural, riqueza agrícola y un creciente reconocimiento de su cocina. Capitalizar estos elementos requiere planificación, coordinación interinstitucional y una visión de largo plazo que reconozca la gastronomía como un activo estratégico del desarrollo turístico nacional.
El fortalecimiento de la sinergia entre turismo y gastronomía puede contribuir no solo a mejorar la competitividad del destino, sino también a ampliar los beneficios del turismo hacia otros sectores de la economía, consolidando un modelo más sostenible y representativo de la identidad dominicana.





